




ECO-ALDEAS CONSCIENTES
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Comunidades conscientes... Para una nueva humanidad
Viviendo en presencia, intención y cooperación.
Las Eco-aldeas de Conciencia nacen como un nuevo modelo de vida en comunidad, donde cada acto cotidiano se realiza desde la presencia, la intención y la conciencia. No son solo espacios para vivir, sino ecosistemas humanos y energéticos diseñados para habitar la Tierra de una forma más coherente, respetuosa y alineada con la evolución de la conciencia.
Aquí, la vida se organiza desde la cooperación, el cuidado mutuo y el respeto profundo por la naturaleza, entendiendo que todo lo que hacemos deja una huella energética y que vivir conscientemente es una forma de servicio al planeta y a la humanidad.
Cada gesto cuenta.
Cada espacio importa.
Cada persona es parte del todo.





¿Qué son las Eco-aldeas de Conciencia?
Las Eco-aldeas de Conciencia son comunidades creadas para vivir de forma consciente, cooperativa y alineada con la naturaleza, integrando vivienda, trabajo, alimentación, educación y vida social en un mismo ecosistema.
No se trata solo de sostenibilidad ecológica, sino de un cambio de paradigma: una forma de habitar en la Tierra donde las personas viven en coherencia con sus valores, cuidan el entorno y construyen relaciones basadas en el respeto, la colaboración y el bien común.
Este modelo nace como respuesta a la fragmentación social, al aislamiento y a la desconexión con la naturaleza, ofreciendo una alternativa real y viable para quienes sienten que otra forma de vivir es posible. Las Eco-aldeas de Conciencia combinan:
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Comunidad humana real, basada en la cooperación, el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia.
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Estructuras sostenibles y conscientes, diseñadas para convivir en armonía con la naturaleza y el entorno.
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Economía colaborativa, donde el trabajo se desarrolla dentro de la propia eco-aldea, alineado con los distintos pilares del proyecto y adaptado a las capacidades y talentos de cada persona.
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Vivienda accesible y flexible, con un modelo de cuotas asequibles que permiten habitar un hogar digno sin la presión del mercado inmobiliario tradicional.
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Espacios de aprendizaje y convivencia, donde se comparten conocimientos, oficios y experiencias de forma continua.
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Calidad de vida real, fomentada a través de actividades comunitarias diarias que fortalecen los vínculos humanos, el bienestar emocional y el equilibrio personal.
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Respeto profundo por la vida, en todas sus formas, integrando naturaleza, personas y propósito en un mismo modelo de convivencia.
Vivir desde la conciencia y la cooperación
La esencia de las Eco-aldeas de Conciencia es vivir desde la cooperación y no desde la competencia.
Aquí, cada acción cotidiana —cultivar, cocinar, construir, trabajar, relacionarse— se realiza con presencia, intención y conciencia.
Lo cotidiano se convierte en un acto significativo, alineado con valores humanos y con el cuidado del entorno.
La vida comunitaria se basa en:
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Apoyo mutuo.
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Responsabilidad compartida.
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Respeto a los ritmos individuales.
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Conciencia del impacto de cada acción.
Este enfoque genera un entorno donde las relaciones son más auténticas, el estrés disminuye y se fortalece el sentido de pertenencia. Vivir así no solo transforma a la persona, sino que crea comunidades más sanas, equilibradas y resilientes.
En las Eco-aldeas de Conciencia:
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Nadie vive aislado.
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Cada persona aporta desde sus talentos.
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El bienestar individual y colectivo van de la mano.
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La cooperación es la base de la organización social.






Arquitectura viva y geometría sagrada.
Las Eco-aldeas de Conciencia se diseñan desde una arquitectura viva, pensada no solo para habitar, sino para armonizar y sostener la vida.
Siempre que la normativa del país y del territorio lo permita, las viviendas y los espacios comunes se construyen integrando geometría sagrada, tanto en su diseño interior como exterior. Estas formas no son estéticas al azar: responden a patrones naturales que favorecen el equilibrio, la coherencia y el bienestar.
La geometría sagrada se aplica con la intención de:
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Activar puntos energéticos del entorno.
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Crear espacios que transmitan calma y armonía.
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Favorecer relaciones humanas más equilibradas.
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Apoyar el bienestar emocional, mental y energético.
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Generar coherencia entre los hogares, los espacios de trabajo y la vida comunitaria.
La arquitectura deja de ser únicamente funcional y se convierte en una herramienta consciente al servicio de las personas y del entorno.
Cada eco-aldea se adapta al lugar donde se desarrolla, respetando el paisaje, la cultura y las leyes locales, integrando materiales naturales y soluciones sostenibles que dialogan con la tierra en la que se asientan.
Viviendas flexibles y compartidas
En las Eco-aldeas de Conciencia, la vivienda se entiende como un derecho y un servicio al bienestar, no como un objeto de especulación o posesión.
Las casas, hogares o bungalows forman parte de un modelo comunitario compartido, donde el espacio se adapta a las necesidades reales de las personas en cada etapa de su vida, y no al revés.
Las viviendas se diseñan en diferentes tamaños orientativos:
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Personas que viven solas → viviendas de aproximadamente 60 m².
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Parejas → viviendas de aproximadamente 100 m².
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Familias con hijos → viviendas de 150 m² o más, según necesidades.
La clave del modelo es la flexibilidad consciente:
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No es necesario comprar ni vender una vivienda para cambiar de espacio.
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Las personas pueden cambiar de hogar según su momento vital.
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El espacio se redistribuye de forma justa y eficiente.
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Los recursos se optimizan para evitar el desperdicio y la sobre ocupación.
Todo el conjunto pertenece a la comunidad, lo que permite una gestión más solidaria, sostenible y coherente de los espacios habitables.
Este sistema favorece:
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Vivienda digna y accesible.
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Menor carga económica.
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Mayor libertad de movimiento.
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Una relación más sana con el concepto de hogar.
Vivir así permite soltar la presión material y centrarse en lo esencial: la calidad de vida, las relaciones humanas y el bienestar integral
Eco-aldeas conectadas en el mundo
Una red global de comunidades conscientes
La visión de las Eco-aldeas de Conciencia va más allá de un único lugar. El propósito es crear una red internacional de eco-aldeas, conectadas entre sí, que compartan valores, principios y una misma forma de vivir en conciencia.
Cada eco-aldea se desarrolla a escala humana, con comunidades de entre 150 y 300 viviendas, pudiendo crecer hasta 500 según el territorio, el presupuesto y la evolución natural del proyecto. Este tamaño permite mantener cercanía, cohesión social y una vida comunitaria real.
Las personas que formen parte de la comunidad, como socios contributivos, podrán:
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Vivir en distintas eco-aldeas según su momento vital.
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Cambiar de país o entorno sin perder su pertenencia a la comunidad.
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Intercambiar estancias para disfrutar de experiencias culturales y humanas.
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Conocer otras formas de vida consciente en diferentes lugares del mundo.
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Esta red permite una movilidad consciente, basada en la confianza, el cuidado mutuo y la flexibilidad de los espacios, fomentando el intercambio cultural y el aprendizaje continuo entre comunidades.
Las Eco-aldeas de Conciencia se conciben así como un ecosistema vivo y en expansión, donde cada nueva eco-aldea refuerza a las demás y contribuye a un cambio global hacia modelos de vida más humanos, sostenibles y cooperativos.
Descubre cómo se vive en las
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